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Preocupaciones sobre el Futuro del Agua

Diciembre 9, 2006

El acelerado crecimiento de la población mundial y la creciente contaminación de las aguas superficiales, hace que los pueblos dispongan cada día de menor cantidad de agua potable, implicando altos costos de tratamiento y altos precios de comercialización, lo que en el futuro convertiría al agua potable en un bien sólo disponible al alcance de los ricos.

Durante el siglo pasado la población mundial se triplicó, mientras el consumo de agua se sextuplicó, estimándose que para el año 2025 unos 460 millones de personas vivirán en países con problemas de agua, porque los 6 mil millones de habitantes del planeta hoy utilizan el 54% del agua dulce disponible en ríos, lagos y acuíferos subterráneos.

Y es que aunque el 70% del planeta está cubierto por agua, de ese volumen apenas el 3% es agua dulce, pero con la limitante de que las dos terceras partes del agua dulce están congeladas en los casquetes polares, quedando disponible para el consumo solamente el 1% del total, mientras la población crece y crece.

Pero al evaluar exclusivamente las aguas dulces vemos que el 68.7% se encuentra congelada en glaciares y casquetes polares y no está disponible, el 0.26% está en los lagos, el 0.006% está en los ríos, el 0.043% está en la atmósfera y en la biomasa, y un importantísimo 30.10% está en los acuíferos subterráneos, es decir, que del total de aguas dulces disponibles, el 96% son aguas subterráneas, las cuales, en las últimas décadas, han sido sobreexplotadas y severamente contaminadas, creando gran incertidumbre sobre el futuro del agua.

Y fue esa la razón que motivó al Panel Interacadémico Mundial (Asociación Mundial de Academias de Ciencias) y a la Real Academia de Ciencias de España a convocar a un simposio de expertos que se desarrolló en la mediterránea ciudad de Alicante, España, en el período comprendido entre el 23 y el 27 de enero de 2006, evento al cual asistimos en representación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, y donde participaban 50 países, desde Nueva Zelanda y Australia, hasta Mongolia y Uzbekistán, incluyendo Europa, América, África, Medio Oriente y parte importante de Asia.

En este Simposio Internacional sobre el Uso Sostenible de las Aguas Subterráneas, quedó claro que la inmensa mayoría de países depende en gran medida de la explotación de las aguas subterráneas, las que han sido sobreexplotadas por el crecimiento habitacional, por la agricultura, por el turismo y por la industria en general, sobreexplotación que ha producido un acelerado abatimiento de los niveles freáticos y un extraordinario avance de la intrusión salina en las zonas costeras, principalmente en las zonas turísticas.

A esto se suma el hecho de que en Latinoamérica 100 millones de personas no tienen acceso a servicios de saneamiento, siendo la ciudad de Santo Domingo uno de los peores ejemplos, porque de los 3 millones de habitantes, apenas un 25% dispone de alcantarillado sanitario, mientras el restante 75% dispone de sus desechos personales a través de pozos filtrantes que descargan de manera directa en las mismas aguas subterráneas que diariamente extraemos para satisfacer todos nuestros requerimientos.

En la ciudad de Santo Domingo usted puede ver que cada vez que se construye una torre, un multifamiliar, una vivienda sencilla, una urbanización o una industria, nadie se preocupa por la construcción de un alcantarillado sanitario que recoja las aguas negras y las lleve hasta una planta de tratamiento, sino que simplemente se construyen dos pozos, uno vecino del otro, y se utiliza el primero para descargar las aguas negras de los sanitarios hasta las aguas subterráneas y el segundo pozo se utiliza para extraer las mismas aguas subterráneas que acabamos de contaminar con nuestras aguas negras, y nadie dice nada, ni hace nada frente a esta gravísima contaminación de nuestro recurso natural más vital, porque cada vez que se toca este tema frente a las autoridades, la respuesta es que un alcantarillado sanitario que cubra toda la Capital costaría 1,000 millones de dólares que no están disponibles, aunque sí tendremos disponibles 1,500 millones de dólares para un pedacito de Metro que cubrirá eficazmente apenas el 3% del área total de la Capital. Es decir, que un pedacito de Metro es mucho más importante que las aguas y que la salud de las presentes y futuras generaciones, al menos así lo entiende el actual gobierno.

Pocos dominicanos saben que antes de la entrada en operación del acueducto Valdesia-Santo Domingo, el 61% del agua total que entraba a la capital era agua subterránea, y que actualmente, de los 400 millones de galones de agua que entran diariamente a la ciudad de Santo Domingo, unos 130 millones de galones proceden de los pozos existentes en Mata Mamón, Los Marenos, La Joya, La Catalina, El Naranjo, La Victoria, Los Guarícanos, río Haina y Manoguayabo, sin incluir miles de pozos privados, generalmente contaminados, y distribuidos por todos lados, contaminación que está claramente prohibida por la Ley Ambiental 64-00.

La otra grave situación es la sobreexplotación de las aguas subterráneas costeras, principalmente en Boca Chica y en Bávaro, ya que en el primero de los casos la intrusión salina ha avanzado 15 kilómetros tierra adentro, inutilizando las aguas subterráneas de esa extensa franja costera, y en el caso de Bávaro la intrusión salina por exceso de bombeo ha avanzado más de 3 kilómetros, poniendo en peligro el futuro abastecimiento de agua potable a este importante polo turístico regional y poniendo en peligro la propia expansión del polo, porque hoy día se extrae más agua subterránea que la recarga neta recibida por el acuífero, siendo esta la causa de la intrusión salina, lo que impone una limitante para el abastecimiento de agua subterránea a los futuros proyectos turísticos de la zona.

Y cualquier ciudadano se preguntaría de manera ingenua ¿Cómo es posible que estas cosas ocurran en la era de la tecnología y del conocimiento científico? Y la respuesta es muy simple: En este país cualquier persona, cualquier industria o cualquier empresa construye un pozo donde quiere, como quiere, del diámetro que quiere y de la profundidad que quiere, sin que ninguna autoridad competente se dé por enterada.

Estamos en la antesala de una gran crisis de abastecimiento de agua potable, donde países como Israel, España, Italia, Grecia, Turquía y Chipre han tenido que recurrir a la instalación de plantas para la desalinización del agua del mar, con un costo generalmente superior a un dólar por cada metro cúbico obtenido (264 galones), costo que se incrementará en la misma medida en que siga incrementándose el costo de la energía, lo que implicaría que el agua potable se pondría fuera del alcance de los pobres a partir de la tendencia neoliberal que establece que el agua se debe privatizar. Y eso lo debemos evitar, o al menos lo debemos regular, porque una de las conclusiones del simposio es que las aguas subterráneas constituyen una vía rápida para aliviar la pobreza y garantizar el suministro seguro de agua potable y alimentos para extensas regiones en desarrollo, sobre todo en aquellas regiones áridas o semiáridas donde la única fuente de agua disponible es el agua subterránea que se capta a través de pozos profundos. Manejemos adecuadamente nuestras aguas.

El autor es coordinador de la Comisión de Ciencias Naturales y Medio Ambiente de la Academia de Ciencias de la Rep. Dominicana.


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