Vertedero municipal de Puerto Plata
Estamos conscientes de que el reciclaje de las basuras puede convertirse en una próspera industria donde las comunidades de escasos recursos económicos participen como operadores y beneficiarios del proceso, mientras el ayuntamiento participe como gestor y propulsor de ese mismo proceso.
Esto generaría cientos de empleos dignos, mejoraría la calidad de vida en sectores marginados, facilitaría que miles de pequeños empresarios puedan acceder a fuentes de materias primas baratas y renovables, disminuiría en alrededor de un 75% la disposición final de las basuras, permitiría cubrir parte de los costos de recolección y transporte de las basuras y reduciría significativamente la contaminación ambiental superficial y subterránea por disposición de desechos sólidos, especialmente cuando los aspectos geológicos no han sido tomados en cuenta.
Para garantizar la efectividad de este plan se buscaría lograr que cada hogar o establecimiento escolar o comercial posea al menos dos botes de basura: uno para desechos secos, como papel, cartón, plásticos, botellas, tapas, hojalatas, latas, chatarras metálicas, zapatos, etc., y otro para desechos húmedos, tales como desperdicios de alimentos; y como estímulo especial se establecería que los hogares, industrias, escuelas y comercios que clasifiquen sus basuras, pagarían una tarifa equivalente al 50% de la tarifa a pagar por quienes no clasifiquen sus basuras, y donde los camiones recolectores estarían provistos de diferentes compartimientos con acceso para cada tipo de basura, incluyendo las no clasificadas, al mismo tiempo que se establecerían puestos de contenedores metálicos pintados de colores diferentes para que la población deposite en ellos el papel y el cartón (azul), botellas de vidrio (verde), plásticos (rojo) y trozos de hojalata, aluminio y otros metales (amarillo), asignándose camiones especiales para recoger cada tipo de basura.
La estación municipal de recepción de basuras estaría dividida en sectores capaces de recibir y manejar cada tipo de material: metales, papeles y cartones, plásticos, vidrios, materia orgánica, etc., donde se haría una subclasificación manual y desde ahí pasaría a diferentes correas transportadoras que conducirían los materiales hasta pilas de almacenamiento y desde ahí se enviarían los materiales clasificados a pequeñas plantas procesadoras gerenciadas y operadas por cooperativas comunitarias asesoradas técnicamente.
Las basuras no aprovechables serán llevadas a los sitios arcillosos escogidos para la disposición final en la zona norte de Villa Mella, en la zona norte de El Higüero y en la zona norte de Haina, sitios que deberán ser objeto de minuciosos estudios geológicos, geofísicos e hidrogeológicos, a fin de garantizar su total impermeabilidad para evitar la contaminación de las aguas subterráneas y deberán ser incluidos dentro del Plan de Ordenamiento Territorial, como sitios especializados para disposición final de basuras en forma de verdaderos rellenos sanitarios, porque desafortunadamente la mayoría de vertederos del país han sido improvisados en donde han encontrado un solar disponible, sin preocuparse de realizar estudios geológicos e hidrogeológicos detallados que demuestren que el lugar el impermeable. La geología es fundamental al evaluar cualquier lugar para un futuro relleno sanitario.
Cada relleno sanitario deberá ser dividido en celdas construidas sobre un dren granular inclinado, capaz de colectar todos los lixiviados para conducirlos por gravedad o por bombeo hasta una planta de tratamiento vecina.
Las celdas serán cubiertas diariamente con una capa de arcilla plástica compactada, y se garantizaría la salida adecuada de los gases producidos por la descomposición de la materia orgánica, a fin de aprovechar el gas metano para diferentes usos en los sectores vecinos.
Otra opción usualmente utilizada para reducir la cantidad de basura que ha de tener como destino final el relleno sanitario, es aprovechar parte importante de los desechos sólidos preclasificados para la producción de energía eléctrica, tal y como lo hacen muchas naciones industrializadas y otras en vías de desarrollo, pudiendo citarse el caso de Estados Unidos, donde hoy día hay 89 plantas generadoras de energía que operan utilizando la incineración de los desperdicios sólidos no reciclables para producir un total de 2,500 megavatios, lo que conforme a la Agencia para la Protección Ambiental (EPA), representa un 3% de la generación eléctrica total de ese país.
En la ciudad de Granada, España, se aprovecha el biogas producido durante la fermentación natural de las basuras orgánicas depositadas en los vertederos, el cual se conduce a través de tuberías hasta una pequeña central térmica que la convierte en energía eléctrica para los usos públicos.
De igual modo las modernas plantas incineradoras de basuras pueden aprovechar el vapor caliente para alimentar una pequeña turbina que genera energía eléctrica adicional a la generada con el biogas, en lo que podría definirse como una planta de ciclo combinado.
Sin embargo, el proceso de incineración debe ser administrado cuidadosamente a fin de evitar que agentes contaminantes como el PVC y afines sean incinerados y se liberen al aire dioxinas bioacumulativas, porque eso podría empañar las bondades de la producción de energía a partir de los desechos sólidos, cuyo objetivo primario no es la producción de energía sino la reducción de los volúmenes de basuras y la disminución de la severa contaminación ambiental.